Un reciente estudio liderado por investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) ha vuelto a poner a prueba uno de los pilares de la física moderna: la velocidad de la luz de Einstein. Utilizando potentes rayos gamma de fuentes cósmicas distantes, los científicos buscaron cualquier desviación que pudiera desafiar la constancia de esta velocidad. Los resultados, publicados en enero de 2026, reafirmaron la solidez de la teoría de la relatividad especial, sin encontrar indicios de que la luz se comporte de forma diferente en energías extremas.
Esta investigación, detallada en un informe de ScienceDaily con fecha del 8 de enero de 2026, representa el «test de estrés cósmico más duro» hasta la fecha para la famosa regla de Einstein. A pesar de más de un siglo de escrutinio, la premisa de que la velocidad de la luz en el vacío es una constante universal, independientemente del movimiento del observador o de la fuente, continúa siendo inquebrantable.
La motivación para desafiar un principio tan bien establecido surge de la búsqueda de una teoría unificada que conecte la mecánica cuántica con la relatividad general. Algunas hipótesis de la gravedad cuántica sugieren que la luz podría exhibir variaciones minúsculas en su velocidad bajo energías extremas, lo que abriría la puerta a una nueva física más allá del Modelo Estándar actual.
La invariancia de Lorentz: un pilar bajo escrutinio
El concepto de una velocidad de la luz inmutable tiene sus raíces en el experimento de Michelson y Morley de 1887. Estos físicos estadounidenses intentaron detectar el «éter luminífero» comparando la velocidad de la luz en diferentes direcciones, pero no encontraron ninguna diferencia. Este resultado nulo fue fundamental para que Albert Einstein propusiera, en su teoría de la relatividad especial, que la velocidad de la luz es constante para todos los observadores inerciales.
Este principio, conocido como invariancia de Lorentz, se convirtió en la piedra angular de la física moderna, especialmente en la teoría cuántica de campos y el Modelo Estándar de la Física de Partículas. Estas teorías han sido verificadas con una precisión extraordinaria, soportando innumerables pruebas experimentales.
Sin embargo, la relatividad general de Einstein, que describe la gravedad como una curvatura del espacio-tiempo, no se integra fácilmente con la mecánica cuántica. El conflicto entre estas dos teorías exitosas impulsa la búsqueda de una «gravedad cuántica», que a menudo postula pequeñas violaciones de la invariancia de Lorentz. Tales violaciones, aunque sutiles, podrían ser la clave para desentrañar los misterios del universo.
Los modelos que intentan unificar ambas teorías con frecuencia predicen que la velocidad de la luz podría depender ligeramente de la energía del fotón. Cualquier efecto de este tipo sería diminuto, apenas detectable con la tecnología actual, pero se amplificaría a las energías más altas, como las que se encuentran en los rayos gamma de muy alta energía.
Rayos gamma: el laboratorio cósmico de Einstein
Para buscar estas posibles violaciones, el equipo de investigación, que incluye a Mercè Guerrero, Anna Campoy-Ordaz, Robertus Potting y Markus Gaug, se centró en observaciones astrofísicas. Su método se basa en las vastas distancias que la luz recorre a través del universo. Si los fotones de diferentes energías se emiten simultáneamente desde una fuente lejana, incluso diferencias minúsculas en sus velocidades se acumularían en retrasos medibles al llegar a la Tierra.
Los científicos utilizaron una nueva técnica estadística para combinar mediciones existentes de rayos gamma de muy alta energía. Examinaron varios parámetros de violación de la invariancia de Lorentz favorecidos por los teóricos dentro de la Extensión del Modelo Estándar (SME). El objetivo era ambicioso: encontrar pruebas de que las suposiciones de Einstein podrían fallar bajo condiciones extremas.
Una vez más, las predicciones de Einstein se mantuvieron firmes. El estudio no detectó ninguna violación de la invariancia de Lorentz, lo que reafirma la constancia de la velocidad de la luz de Einstein. Los resultados son significativos, ya que el nuevo análisis mejora los límites anteriores en un orden de magnitud, estrechando considerablemente el rango donde la nueva física podría estar oculta.
Esta investigación subraya la resiliencia de la relatividad de Einstein frente a los desafíos más rigurosos. Aunque no se encontraron fisuras, el estudio no marca el final de la búsqueda. En cambio, proporciona una base más sólida para futuras exploraciones. La próxima generación de observatorios y técnicas estadísticas continuará empujando los límites, buscando esas sutiles pistas que podrían finalmente revelar una comprensión más profunda del espacio, el tiempo y la gravedad.












