Desde el 28 de diciembre, una ola de protestas ha sacudido Irán, impulsada principalmente por profundas raíces económicas que reflejan el creciente malestar social. La devaluación del rial y el aumento descontrolado de los precios han erosionado el poder adquisitivo de los ciudadanos, encendiendo la chispa del descontento en todo el país.
El escenario actual no es nuevo. La economía iraní ha lidiado con años de inestabilidad, exacerbada por las sanciones internacionales y una gestión interna que no ha logrado mitigar el impacto en la población. Este ciclo de dificultades se manifiesta en un descontento que ahora se expresa abiertamente en las calles.
Según un análisis de Djavad Salehi-Isfahani publicado en www.project-syndicate.org el 9 de enero de 2026, la caída del rial no es un asunto técnico, sino que impacta directamente en el costo de vida. En diciembre, el valor de la moneda disminuyó un 16%.
Esta devaluación acumuló un 84% en el último año, disparando la inflación alimentaria al 72% anual. Esto representa casi el doble del promedio reciente, impactando severamente el poder adquisitivo de los iraníes.
Devaluación monetaria y el costo de vida
La constante devaluación del rial iraní constituye uno de los pilares de las raíces económicas de las protestas en Irán. Esta situación se traduce en una pérdida drástica del poder adquisitivo, ya que los salarios, a menudo fijados anualmente, no logran seguir el ritmo de la inflación. La población se enfrenta a precios que se disparan, haciendo inasequibles productos básicos.
Los datos recientes del Banco Central de Irán muestran que la inflación general se ha mantenido por encima del 40% gran parte del último año. Se observan picos en sectores como alimentos y vivienda, afectando desproporcionadamente a familias de bajos ingresos.
Estas familias destinan una mayor parte de sus presupuestos a necesidades básicas. Según Salehi-Isfahani, la promesa de transferencias de efectivo y una menor inflación a largo plazo no es suficiente para apaciguar a una población exhausta por esta carga económica.
La escasez de bienes y la corrupción sistémica exacerban el problema. Los mercados paralelos prosperan, ofreciendo productos a precios inaccesibles para la mayoría, lo que alimenta una sensación de injusticia y desesperanza.
Esto es especialmente cierto entre los jóvenes, quienes ven pocas oportunidades en un panorama económico tan volátil. La falta de acceso a mercados internacionales, debido a las sanciones, también limita la capacidad del gobierno para estabilizar la moneda.
El impacto de las políticas económicas y las sanciones
Las políticas económicas del gobierno iraní, a menudo centradas en subsidios, han sido criticadas por su insostenibilidad a largo plazo. Buscan aliviar la carga inmediata, pero distorsionan los mercados sin abordar las causas estructurales de la inestabilidad.
Un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) de 2023 señaló la necesidad de reformas estructurales profundas. Estas son esenciales para diversificar la economía y reducir la dependencia del petróleo, un paso crucial para la estabilidad.
Las sanciones internacionales, impuestas principalmente por Estados Unidos, juegan un papel crucial. Estas restricciones limitan severamente el acceso de Irán a los mercados globales, dificultando las exportaciones de petróleo y gas.
Dichas exportaciones son la principal fuente de ingresos del país, reduciendo la entrada de divisas. También dificultan la importación de bienes esenciales, maquinaria y tecnología, frenando el desarrollo económico y la creación de empleo.
La combinación de devaluación monetaria, alta inflación y sanciones ha creado un cóctel explosivo. La desesperación económica se ha convertido en un catalizador para el descontento social, trascendiendo divisiones políticas.
Las protestas reportadas por Reuters en enero de 2024, extendiéndose a diversas ciudades, demuestran la amplitud y profundidad del malestar ciudadano. Sus raíces se encuentran en una economía disfuncional.
Las raíces económicas de las protestas en Irán son profundas y multifacéticas. Mientras el gobierno busca implementar reformas, la urgencia de estabilizar la moneda y controlar la inflación es crítica para el país.
La incapacidad de abordar estas presiones económicas podría intensificar el descontento, obligando a las autoridades a buscar soluciones más allá de las transferencias monetarias. La estabilidad social en Irán dependerá de una perspectiva económica viable para su población.











