La política exterior estadounidense, bajo la influencia de la doctrina conocida como «Las Reglas de la Selva de Trump», ha redefinido el panorama geopolítico global. Esta estrategia se caracteriza por un ejercicio unilateral del poder, desvinculado de las normas, procesos burocráticos y estructuras de alianzas que históricamente legitimaron el liderazgo de Washington. Un informe de Project Syndicate, publicado en enero de 2026, destaca que la mayor fuente de inestabilidad global no reside en China o Rusia, sino en Estados Unidos.

Este enfoque, que prioriza la acción individual sobre la cooperación multilateral, ha generado profundas repercusiones en las relaciones internacionales. Se observa un distanciamiento progresivo de las instituciones globales y un desprecio por los acuerdos establecidos, lo cual ha puesto en jaque la confianza entre aliados históricos. La administración busca imponer su voluntad donde percibe una oportunidad de ventaja, sin adherirse a los marcos diplomáticos tradicionales.

El impacto de esta filosofía se extiende desde las disputas comerciales hasta los conflictos militares, introduciendo un elemento de imprevisibilidad en la arena mundial. La percepción de un Estados Unidos actuando sin restricciones ha forzado a otras naciones a reconsiderar sus propias estrategias de seguridad y económicas, adaptándose a un entorno menos predecible y más competitivo. Esto altera los equilibrios de poder conocidos.

El unilateralismo como nueva doctrina en Washington

La esencia de las Reglas de la Selva de Trump radica en la creencia de que América puede y debe actuar sola cuando sus intereses lo dicten, sin la necesidad de consensos internacionales. Este giro representa una ruptura con décadas de política exterior basada en la construcción de coaliciones y el respeto por el derecho internacional. La administración ha demostrado una predilección por la negociación directa y la imposición de términos.

Ejemplos concretos incluyen la retirada del Acuerdo de París sobre el cambio climático y del acuerdo nuclear con Irán, así como la imposición de aranceles a aliados y adversarios por igual. Estas acciones no solo debilitan los marcos multilaterales existentes, sino que también envían un mensaje claro sobre la disposición de Estados Unidos a desmantelar lo que considera obstáculos para su soberanía. La estrategia busca maximizar la influencia.

Según análisis del Council on Foreign Relations, esta postura unilateral genera un vacío de liderazgo y fomenta nuevas dinámicas de poder. El enfoque de «America First» se traduce en «América sola» en muchos frentes, dejando a los aliados con la difícil tarea de navegar un mundo sin la certeza del apoyo estadounidense. Esto crea una incertidumbre estratégica significativa para las naciones que dependen de la cooperación.

Consecuencias para el orden mundial y la estabilidad global

La adopción de «Las Reglas de la Selva» tiene profundas implicaciones para la estabilidad global. Al erosionar la confianza en los tratados y organizaciones internacionales, se abre la puerta a un entorno donde la fuerza bruta y la coerción pueden reemplazar la diplomacia y el diálogo. Este escenario es particularmente preocupante para las naciones más pequeñas y vulnerables, que tradicionalmente dependían del sistema multilateral para su protección.

La imprevisibilidad de la política exterior estadounidense bajo esta doctrina desestabiliza regiones enteras. Las alianzas, antes pilares de la seguridad colectiva, se ven minadas por la retórica y las acciones que cuestionan su valor. Esto puede llevar a una carrera armamentista o a la búsqueda de nuevos alineamientos por parte de países que buscan asegurar su propia defensa en un mundo menos cooperativo. El panorama geopolítico se vuelve volátil.

Además, esta aproximación puede incentivar a otras potencias a adoptar estrategias similares, desmantelando aún más el orden basado en reglas. El resultado podría ser un sistema internacional fragmentado, donde los conflictos se resuelven a través de la imposición de poder en lugar de la negociación. La ausencia de un liderazgo coherente y comprometido con la cooperación es un riesgo latente para la paz mundial. Esto genera un efecto dominó.

En síntesis, las «Reglas de la Selva de Trump» representan una reconfiguración radical de la política exterior de Estados Unidos, con consecuencias duraderas para el orden mundial. La primacía del unilateralismo sobre el multilateralismo desafía los cimientos de la gobernanza global y exige una reevaluación de las estrategias internacionales. El futuro dirá si esta tendencia se consolida o si el péndulo regresa a la cooperación, pero el impacto de esta era ya es innegable en la geopolítica.