Un año después de los devastadores incendios de Los Ángeles, la respuesta a desastres en EE.UU. sigue bajo escrutinio, revelando fallas sistémicas y heroísmo inesperado. Este evento subraya una era de catástrofes creciente, ofreciendo lecciones cruciales para la preparación ante futuras crisis.

Los incendios de Palisades y Eaton, ocurridos simultáneamente, representan el evento de incendios forestales más costoso en la historia del país. Estos siniestros, que arrasaron comunidades densamente pobladas como Pacific Palisades y Altadena, pusieron de manifiesto vulnerabilidades significativas en la infraestructura y los protocolos de emergencia.

Según el periodista Jacob Soboroff, autor de «Firestorm», y como se discutió en una entrevista en www.fastcompany.com, la magnitud de estos desastres no fue del todo imprevista. Las condiciones extremas, con vientos de Santa Ana de fuerza huracanada, habían sido pronosticadas, lo que profundiza el debate sobre la preparación y la capacidad de respuesta.

Fallos sistémicos y el factor climático

La investigación posterior a los incendios de Los Ángeles reveló una compleja interacción de factores que contribuyeron a la devastación. Por un lado, la infraestructura envejecida, como el equipo eléctrico defectuoso que se cree causó el incendio de Eaton, demostró ser un punto débil crítico. La falta de inversión en mantenimiento preventivo se traduce en riesgos elevados para millones de ciudadanos.

Además, la rápida propagación de los fuegos, exacerbada por la sequedad del paisaje y los vientos extremos, expuso las limitaciones de los recursos de extinción. Un informe de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) de 2023 destacó la necesidad urgente de modernizar la infraestructura y mejorar la coordinación interinstitucional en la respuesta a desastres EE.UU.

El cambio climático juega un papel innegable en esta «era de desastres». California experimenta temporadas de incendios más largas y severas, con fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes. Un estudio de la revista Nature publicado en 2023, por ejemplo, vincula directamente el aumento de la intensidad de los incendios con el calentamiento global, lo que exige una reevaluación profunda de las estrategias de mitigación.

Hacia una resiliencia comunitaria y tecnológica

A pesar de los desafíos, los incendios también pusieron de manifiesto actos de heroísmo y la importancia de la resiliencia comunitaria. Vecinos que se ayudaron mutuamente, voluntarios que ofrecieron refugio y la rápida movilización de algunos servicios de emergencia fueron fundamentales para salvar vidas y propiedades. Estas acciones subrayan el valor de la preparación a nivel local.

La tecnología emerge como una herramienta vital en la mejora de la respuesta a desastres. Sistemas de alerta temprana más sofisticados, el uso de drones para mapear incendios en tiempo real y la inteligencia artificial para predecir patrones de propagación son áreas con un enorme potencial. El Servicio Geológico de EE.UU. (USGS) está invirtiendo en modelos predictivos avanzados para anticipar mejor las amenazas.

Sin embargo, la implementación de estas soluciones requiere una inversión sostenida y una voluntad política firme. La clave reside en pasar de una mentalidad de reacción a una de prevención proactiva, integrando la gestión de riesgos en la planificación urbana y en las políticas públicas a largo plazo.

Las lecciones aprendidas de los incendios de Los Ángeles son un recordatorio sombrío pero necesario de que la respuesta a desastres en EE.UU. debe evolucionar. La combinación de infraestructura resiliente, preparación comunitaria y tecnología avanzada será crucial para enfrentar el futuro climático. Ignorar estas advertencias solo prepara el terreno para catástrofes aún mayores.