Científicos de la Universidad de Copenhague han desvelado el misterio de los extraños puntos rojos James Webb. Estos puntos, observados en imágenes del telescopio, son agujeros negros jóvenes, envueltos en gas y en plena fase de crecimiento. El hallazgo, publicado en Nature, redefine nuestra comprensión de la formación temprana de agujeros negros supermasivos.
Desde que el Telescopio Espacial James Webb (JWST) inició sus operaciones científicas, los astrónomos quedaron perplejos ante estas enigmáticas luces. Dispersas entre galaxias y estrellas en el universo distante, no encajaban en los modelos existentes. Su aparición en un universo de solo unos pocos cientos de millones de años planteó un desafío considerable a la cosmología.
La comunidad científica especuló inicialmente que estos objetos podrían ser galaxias masivas, lo suficientemente brillantes como para ser detectadas a través de 13 mil millones de años de historia cósmica. Sin embargo, esta hipótesis chocaba con el conocimiento sobre la formación de galaxias, ya que estructuras tan grandes no deberían haber existido tan temprano después del Big Bang.
Los puntos rojos: agujeros negros en crecimiento voraz
Tras dos años de análisis exhaustivo de los datos del Webb, investigadores del Centro Cosmic Dawn del Instituto Niels Bohr llegaron a una conclusión diferente. Los puntos rojos son impulsados por agujeros negros, los objetos más extremos conocidos en el universo. Estas observaciones ofrecen una visión poco común de cómo se formaron y comenzaron a crecer los primeros agujeros negros.
Según el informe de ScienceDaily del 16 de enero de 2026, el profesor Darach Watson, uno de los autores principales del estudio, explicó la naturaleza de estos hallazgos. “Los pequeños puntos rojos son agujeros negros jóvenes, cien veces menos masivos de lo que se creía anteriormente, envueltos en un capullo de gas que están consumiendo para crecer”, afirmó Watson.
Este proceso genera un calor enorme que irradia a través del capullo, confiriéndoles su distintivo color rojo. “Son mucho menos masivos de lo que la gente creía, así que no necesitamos invocar tipos de eventos completamente nuevos para explicarlos”, añadió el profesor. Este descubrimiento fue tan significativo que apareció en la portada de Nature.
Los astrónomos han identificado cientos de estos pequeños puntos rojos, todos ellos agujeros negros jóvenes. Aunque se encuentran entre los agujeros negros más pequeños jamás observados, siguen siendo enormes para los estándares cotidianos, pesando hasta 10 millones de veces la masa del Sol y extendiéndose aproximadamente diez millones de kilómetros de diámetro.
“Comedores desordenados”: la clave de su crecimiento
Los agujeros negros crecen atrayendo gas y polvo cercanos. Debido a que sus horizontes de sucesos son relativamente pequeños, el material que cae se calienta y brilla intensamente antes de cruzar el punto de no retorno. Este proceso libera más energía que casi cualquier otro fenómeno conocido en el universo.
“Cuando el gas cae hacia un agujero negro, gira en espiral formando una especie de disco o embudo hacia la superficie del agujero negro”, detalló Darach Watson. “Termina yendo tan rápido y se comprime tan densamente que genera temperaturas de millones de grados y brilla intensamente. Pero solo una cantidad muy pequeña de gas es engullida por el agujero negro. La mayor parte es expulsada por los polos a medida que el agujero negro gira. Por eso llamamos a los agujeros negros ‘comedores desordenados’”.
Esta “alimentación desordenada” es crucial para entender cómo los agujeros negros crecen tan rápidamente en el universo temprano. La intensa radiación empuja gran parte del material entrante hacia afuera, en lugar de permitir que sea tragado, lo que sugiere un mecanismo eficiente para el rápido aumento de masa, a pesar de su ineficiencia aparente.
Cada galaxia grande, incluida la Vía Láctea, alberga un agujero negro supermasivo en su centro. El de nuestra galaxia tiene una masa de unos cuatro millones de veces la del Sol. Comprender la rápida formación de estos agujeros negros jóvenes es fundamental para desentrañar cómo estas colosales estructuras aparecieron tan temprano en la historia cósmica.
La revelación de que los puntos rojos James Webb son agujeros negros en una fase de crecimiento violenta nos acerca a la comprensión de una de las fases más dinámicas y caóticas del universo. Este descubrimiento no solo resuelve un enigma, sino que también abre nuevas vías de investigación sobre la evolución de las galaxias y la materia oscura.









