Un estudio publicado a principios de 2026 revela que la quimioterapia, al alterar las bacterias intestinales, potencia la inmunidad del cuerpo para bloquear la metástasis. Este descubrimiento, que transforma nuestra comprensión de los efectos secundarios del tratamiento, ofrece una nueva perspectiva en la lucha contra el cáncer y sus recaídas.
Tradicionalmente, los efectos de la quimioterapia en el intestino se han visto como un daño colateral inevitable. Sin embargo, una investigación de la Universidad de Lausana sugiere que esta interacción es mucho más compleja y beneficiosa de lo que se pensaba.
Con el apoyo de la Fundación Suiza de Ciencias Nacionales, el estudio indica que los cambios en la microbiota intestinal no solo afectan la digestión, sino que envían señales poderosas a todo el organismo, redefiniendo nuestra comprensión de este proceso.
El hallazgo es crucial porque la metástasis, la propagación del cáncer a otras partes del cuerpo, es la principal causa de mortalidad en pacientes oncológicos, según la Organización Mundial de la Salud. Comprender cómo la quimioterapia puede, indirectamente, fortalecer las defensas contra esta propagación abre caminos para nuevas estrategias terapéuticas y un mejor manejo de los tratamientos actuales.
El ácido indole-3-propiónico: un mensajero clave
La clave de esta reprogramación reside en los cambios que la quimioterapia induce en la disponibilidad de nutrientes dentro del intestino, forzando a las bacterias residentes a adaptarse. Esta adaptación altera la composición y el comportamiento de la microbiota, llevando a un aumento significativo en la producción de ácido indole-3-propiónico (IPA), un compuesto microbiano derivado del aminoácido triptófano.
Este IPA no permanece confinado en el intestino. Actúa como una señal que viaja por el cuerpo hasta la médula ósea, donde se producen las células inmunes. Niveles más altos de IPA modifican este proceso, alterando la mielopoyesis y reduciendo la producción de monocitos inmunosupresores. Estos monocitos, en condiciones normales, ayudan a las células cancerosas a evadir las defensas inmunes y apoyan el crecimiento de las metástasis.
Ludivine Bersier, primera autora del estudio, expresó su asombro: «Nos sorprendió cómo un efecto secundario, a menudo visto como daño colateral de la quimioterapia, puede desencadenar una respuesta sistémica tan estructurada». La investigación, que detalla la reprogramación de la inmunidad mediante la microbiota intestinal, fue destacada por ScienceDaily.com el 23 de enero de 2026.
Evidencia clínica y el futuro de la prevención de metástasis
Este cambio en la producción de células inmunes potencia la actividad de las células T y modifica cómo interactúan en las áreas donde el cáncer tiende a propagarse, como el hígado. En modelos preclínicos, estas alteraciones crearon condiciones resistentes al crecimiento metastásico, un avance esperanzador para la oncología y la prevención del cáncer.
Los hallazgos de los estudios de laboratorio están respaldados por datos de pacientes, confirmados en colaboración con el Dr. Thibaud Koessler de los Hospitales Universitarios de Ginebra (HUG). Entre los pacientes con cáncer colorrectal, aquellos con mayores niveles de IPA en el torrente sanguíneo después de la quimioterapia mostraron niveles más bajos de monocitos. Este perfil inmune se asocia con mejores resultados de supervivencia.
Tatiana Petrova, autora principal del estudio, enfatiza la importancia de este eje: «Este trabajo demuestra que los efectos de la quimioterapia van mucho más allá del tumor. Al descubrir un eje funcional que une el intestino, la médula ósea y los sitios metastásicos, destacamos mecanismos sistémicos». Este estudio completo en Nature Medicine abre puertas a terapias innovadoras.
La investigación apunta a una «memoria» biológica impulsada por los metabolitos microbianos que continúan suprimiendo el crecimiento metastásico a lo largo del tiempo. Este eje intestino-médula ósea-metástasis hepática, hasta ahora subestimado, explica cómo la quimioterapia genera efectos duraderos en el cuerpo. Sugiere nuevas formas de utilizar metabolitos derivados de la microbiota como estrategias de apoyo para limitar la propagación del cáncer, redefiniendo el papel del intestino en la salud oncológica.









