La creencia popular de que realizamos 200 decisiones alimentarias diarias ha sido desmentida. Investigadores del Instituto Max Planck revelan que este número es una ilusión, basada en un conteo engañoso que socava la confianza en nuestro autocontrol.
Esta cifra, que ha circulado ampliamente en mensajes de salud, sugiere que gran parte de nuestro consumo es inconsciente. Sin embargo, un nuevo estudio publicado el 5 de enero de 2026, y destacado por ScienceDaily.com, advierte sobre el impacto negativo de tales afirmaciones en la percepción pública.
Según Maria Almudena Claassen, investigadora postdoctoral en el Centro de Racionalidad Adaptativa del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano, esta idea pinta un panorama distorsionado. Ella y sus colegas, Ralph Hertwig y Jutta Mata, subrayan que simplificar el comportamiento alimentario de esta manera puede minar la autoeficacia individual y el fomento de hábitos saludables.
El origen de un mito alimentario
La famosa estimación de 200 decisiones alimentarias diarias se remonta a un estudio de 2007 de los científicos estadounidenses Brian Wansink y Jeffery Sobal. Ellos pidieron a 154 participantes que estimaran sus decisiones diarias sobre comida y bebida, obteniendo un promedio de 14.4.
Posteriormente, se les solicitó estimar las elecciones en una comida típica, desglosando categorías como “cuándo”, “qué”, “cuánto” o “dónde”. Multiplicando estas por el número de comidas y refrigerios, el resultado promedio fue de 226.7 decisiones. La gran diferencia se interpretó como prueba de decisiones inconscientes.
Claassen y su equipo argumentan que esta conclusión no es sostenible. Señalan debilidades metodológicas y conceptuales, atribuyendo la discrepancia a un sesgo cognitivo conocido como el efecto de subaditividad. Este ocurre cuando desglosar una pregunta amplia en partes más pequeñas infla las estimaciones numéricas.
En otras palabras, la suma de las partes parece mayor que el todo cuando se pregunta por separado. Este sesgo, y no una realidad observada, explica el gran número de supuestas decisiones “inconscientes”. Repetir estas afirmaciones simplificadas puede dañar la percepción que las personas tienen de su propio comportamiento.
Redefiniendo las decisiones importantes
Los investigadores insisten en que las decisiones alimentarias significativas deben definirse en términos específicos y realistas. ¿Qué se come? ¿Cuánto? ¿Qué se evita? ¿Cuándo ocurre la elección? Y, ¿qué contexto social o emocional la rodea? Las decisiones no ocurren de forma aislada.
Se vinculan a situaciones concretas, como elegir entre ensalada y pasta, o decidir si omitir una porción. Las elecciones más importantes son aquellas que conectan directamente con metas personales. Quien busca perder peso se enfoca en opciones de cena más ligeras; quien busca sostenibilidad, en comidas a base de plantas.
Una visión más realista se centra en estas elecciones significativas y en estrategias prácticas que faciliten las decisiones saludables. En lugar de sentirse abrumado por un número irreal, es crucial empoderar a las personas para que tomen control consciente sobre sus hábitos, como sugieren guías de nutrición.
Para una comprensión más profunda del comportamiento alimentario cotidiano, los investigadores abogan por el pluralismo metodológico. Esto implica usar una mezcla de enfoques, como observaciones cualitativas, seguimiento digital y estudios de diario, en lugar de depender de un único método de conteo.
El foco debe estar en identificar los pocos momentos clave donde una decisión consciente puede marcar una diferencia, en lugar de dejarse llevar por la idea de una mente “desconectada” de la comida. Es hora de recuperar la confianza en nuestra capacidad de elegir bien y tomar decisiones alimentarias diarias informadas.











