Ante la creciente audacia de Donald Trump y su reinterpretación de la Doctrina Monroe, el Reino Unido emerge como un actor crucial para salvaguardar la OTAN y la soberanía de Groenlandia. La comunidad internacional observa de cerca cómo las ambiciones de un nuevo imperio estadounidense ponen a prueba la resiliencia de alianzas históricas. Es imperativo que Londres, bajo el liderazgo de Keir Starmer, tome la iniciativa en este frente diplomático.
Las últimas semanas han revelado una escalada en el aventurismo internacional de la administración Trump, que incluyó la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela y la amenaza de anexar Groenlandia por la fuerza. Estas acciones han transformado la neocolonial «Doctrina Donroe» – una versión distorsionada de la Doctrina Monroe – en una realidad palpable, según un análisis reciente de Project Syndicate publicado el 19 de enero de 2026.
Este escenario plantea el mayor desafío para la OTAN en 2026, exigiendo una respuesta coordinada y firme de sus miembros. La estabilidad geopolítica en el Atlántico Norte y la integridad de los territorios europeos están en juego, lo que subraya la urgencia de una estrategia de contención eficaz. El papel del Reino Unido, con su influencia diplomática y lazos históricos, se vuelve fundamental en este tablero.
La «Doctrina Donroe» y la amenaza a la OTAN
La visión de un nuevo imperio estadounidense, impulsada por Donald Trump, representa un giro radical en la política exterior. La «Doctrina Donroe», tal como la describen expertos como William R. Rhodes y Stuart P.M. Mackintosh en Project Syndicate, redefine la esfera de influencia de Washington de manera agresiva. Esto no solo afecta a América Latina, sino que ahora se extiende peligrosamente hacia Europa, poniendo en jaque el orden establecido tras la Guerra Fría.
La propuesta de anexión de Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca, ejemplifica esta expansión. Un movimiento unilateral violaría el derecho internacional y socavaría la cohesión de la OTAN. La postura de Dinamarca sobre sus territorios árticos es clara, como se detalla en el Ministerio de Asuntos Exteriores danés. La respuesta de los aliados debe ser unánime para evitar un precedente peligroso.
Expertos en seguridad internacional, como la Dra. Anna Schmidt del Chatham House, señalan que «la ambición de Trump de redefinir las fronteras y las esferas de influencia globales es una amenaza directa a la arquitectura de seguridad europea. La inacción podría legitimar futuras acciones desestabilizadoras.»
El liderazgo británico y la diplomacia real
Para contrarrestar esta deriva, el primer ministro británico, Keir Starmer, debe aprovechar las relaciones existentes con la administración Trump. La estrategia sugerida por Rhodes y Mackintosh implica una diplomacia de alto nivel, utilizando la afinidad del presidente estadounidense por la realeza. Organizar un encuentro público entre el Rey Carlos III de Gran Bretaña y el Rey Federico X de Dinamarca podría ser una jugada maestra.
Este tipo de encuentro enviaría un mensaje claro sobre la unidad europea y el compromiso con la soberanía de Dinamarca y Groenlandia, sin confrontación directa, sino a través de un canal diplomático respetado por Trump. El Reino Unido tiene una oportunidad única para liderar esta iniciativa, dada su posición histórica y su influencia en la Commonwealth y en la diplomacia global.
La defensa de Groenlandia no es solo una cuestión de soberanía danesa, sino un símbolo de la resistencia de la OTAN frente a la agresión externa, fundamental para su misión de defensa colectiva. Para entender mejor su rol, se puede consultar el sitio oficial de la OTAN. El Reino Unido tiene la capacidad de movilizar a líderes europeos como Emmanuel Macron y Olaf Scholz, crucial para un frente unido.
En este momento crítico, la urgencia de una acción coordinada por parte de los aliados de la OTAN es innegable. El Reino Unido, con su historia y su peso diplomático, tiene la responsabilidad de liderar la resistencia británica a Trump, asegurando que los principios de soberanía y cooperación internacional prevalezcan. La defensa de Groenlandia y la integridad de la OTAN no son solo cuestiones territoriales, sino pilares de la estabilidad global frente a un futuro incierto.









