Esa acogedora chimenea en su hogar durante el invierno podría estar haciendo más daño de lo que imagina. Una investigación reciente de la Universidad Northwestern revela que la quema de leña residencial es una fuente significativa de contaminación del aire, contribuyendo a más de una quinta parte de la exposición invernal a partículas finas peligrosas en Estados Unidos. Estos hallazgos destacan un riesgo subestimado para la salud pública.
El estudio, publicado en la revista Science Advances el 23 de enero de 2026, desafía la percepción común de que las chimeneas domésticas son inofensivas. A pesar de que solo un 2% de los hogares estadounidenses dependen de la leña para la calefacción principal, la quema de madera contribuye desproporcionadamente a la presencia de partículas PM2.5 en el aire exterior.
Estas partículas microscópicas son lo suficientemente pequeñas como para penetrar profundamente en los pulmones y entrar al torrente sanguíneo, asociándose con enfermedades cardíacas, pulmonares y muertes prematuras. La investigación estima que la contaminación derivada de la quema de leña residencial está vinculada a unas 8.600 muertes prematuras cada año.
La contaminación de chimeneas afecta desproporcionadamente a las ciudades
Uno de los descubrimientos más sorprendentes del estudio es el impacto desigual de la contaminación por chimeneas. Las personas que viven en áreas urbanas se ven más afectadas que las de zonas rurales, incluso con menor quema de leña local. Además, los riesgos para la salud recaen desproporcionadamente en las comunidades de color, quienes, a menudo, queman menos leña pero experimentan mayores niveles de exposición y riesgos.
Daniel Horton, autor principal del estudio y profesor de ciencias terrestres, ambientales y planetarias en la Universidad Northwestern, señaló en un comunicado a ScienceDaily que «frecuentemente escuchamos sobre los impactos negativos del humo de incendios forestales, pero no consideramos las consecuencias de quemar leña para calentar nuestros hogares». Los investigadores atribuyen esta disparidad a tasas de mortalidad de referencia más altas y a los efectos persistentes de políticas discriminatorias pasadas. Esto subraya la necesidad de abordar la calidad del aire desde una perspectiva de equidad.
Más allá del confort: riesgos de las partículas PM2.5
Las partículas finas, o PM2.5, son un tipo de contaminante atmosférico compuesto por partículas con un diámetro de 2,5 micrómetros o menos. Su tamaño diminuto les permite viajar largas distancias y ser inhaladas profundamente, causando inflamación y estrés oxidativo en el cuerpo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido consistentemente sobre los graves riesgos para la salud asociados con la exposición a largo plazo a estas partículas.
Kyan Shlipak, quien lideró el estudio de Northwestern, enfatiza que «la exposición a largo plazo a partículas finas se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares». Añade que «nuestro estudio sugiere que una forma de reducir sustancialmente esta contaminación es disminuir la quema de leña residencial». La Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA) también monitorea de cerca la contaminación por PM2.5, destacando su impacto en enfermedades respiratorias, ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. Considerar alternativas de calefacción más limpias, como las bombas de calor o la calefacción eléctrica, podría generar mejoras significativas en la calidad del aire.
La investigación de la Universidad Northwestern ilumina un problema de salud pública a menudo ignorado, demostrando que la comodidad de una chimenea puede tener un costo significativo. Reducir la quema de leña en los hogares no solo mejoraría la calidad del aire, sino que también ofrecería importantes beneficios para la salud pública, potencialmente salvando miles de vidas cada año. Es una llamada a repensar nuestras fuentes de calor invernales en aras de un aire más limpio y una sociedad más sana.












