Con miles de millones de jugadores, la industria de los videojuegos emerge como un actor crucial en la lucha contra el cambio climático. Su poder para educar y movilizar a la audiencia ofrece una ventaja única para la acción ambiental.
Esta perspectiva, defendida por Sam Barratt, cofundador de la Playing for the Planet Alliance y jefe de juventud, educación y promoción del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, subraya que las soluciones a crisis sistémicas no deben ser relegadas. La industria tiene un potencial inmenso, superando quizás a otros medios como la televisión o el cine en la capacidad de generar educación y acción sobre el clima, como se destaca en un artículo reciente de www.gamesindustry.biz.
Desde su creación en 2019, Playing for the Planet ha trabajado para integrar la descarbonización y la sostenibilidad como un estándar en el sector. La colaboración entre desarrolladores y la adopción de temas verdes, junto con la reducción de emisiones de carbono, han sido pilares fundamentales de esta iniciativa.
La influencia de los videojuegos en la acción climática real
Los videojuegos no solo educan, sino que también impulsan cambios tangibles. El Green Game Jam de Playing for the Planet ha logrado la plantación de millones de árboles y ha involucrado a cientos de millones de jugadores en iniciativas de restauración y conservación. Este compromiso va más allá de la pantalla, generando un impacto directo en el mundo físico.
El reciente Green Games Summit mostró ejemplos concretos, como el trabajo de desarrolladores como Wooga y TreesPlease Games, que recibieron premios por sus contribuciones a la naturaleza. Estos casos demuestran cómo la creatividad lúdica puede traducirse en liderazgo y resultados ambientales significativos, reforzando el papel de los videojuegos en la agenda climática global.
Conectando ciencia y comportamiento: el potencial transformador
Un puente clave que Playing for the Planet está construyendo es la conexión entre la ciencia climática más reciente y la industria de los videojuegos. La Climate Station de Sony, por ejemplo, integra más de 100 años de datos del IPCC en un juego, permitiendo a millones de jugadores de PlayStation aprender sobre el clima de manera interactiva y precisa. Esto ayuda a visualizar futuros que, de otro modo, serían difíciles de imaginar, especialmente ante eventos climáticos extremos.
La capacidad de los juegos para influir en el comportamiento del jugador es un área de investigación creciente. Un estudio presentado en el Green Games Summit por científicos del comportamiento de la Universidad de Oxford, en colaboración con Media Molecule, reveló resultados sorprendentes. Tras diseñar versiones de un juego para probar mensajes ambientales y sociales, los investigadores encontraron que los jugadores expuestos a versiones «verdes» compraron un 20% más de artículos sostenibles en un supermercado online simulado, sin percibir una merma en la experiencia de juego.
Aunque el estudio advirtió sobre el riesgo de rechazo si los mensajes son demasiado obvios o no se integran bien en la mecánica del juego, la evidencia es convincente: los juegos bien diseñados pueden moldear decisiones en el mundo real. Esta investigación refuerza el potencial de la industria para ser una herramienta poderosa en la promoción de hábitos de consumo más responsables y sostenibles.
A pesar de la turbulencia económica y los recortes que ha enfrentado la industria del videojuego, el compromiso con un futuro más verde y limpio ha permanecido firme. La colaboración con otras iniciativas de sectores creativos, como el Music for Climate Pact o Albert en televisión y cine, señala un camino hacia un esfuerzo conjunto. El sector de los videojuegos no solo tiene un juego por delante, sino un rol indispensable en la configuración de la conciencia y la acción climática del mañana.












