Científicos de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA) han desvelado una técnica de electrochapado, inspirada en un método de joyería centenario, que promete revolucionar la precisión del cronometraje nuclear. Este avance permite construir relojes nucleares ultraprecisos con mínimas cantidades de torio, superando las limitaciones previas y abriendo puertas a sistemas de navegación sin GPS, según informó ScienceDaily en enero de 2026.

La búsqueda de una medición del tiempo más exacta ha sido una constante en la ciencia, con los relojes atómicos actuales sirviendo como estándares globales. Sin embargo, los relojes nucleares, que operan a partir de transiciones en el núcleo atómico en lugar de los electrones, prometen una precisión miles de veces superior. Durante décadas, un obstáculo crucial ha sido la dificultad de manipular el isótopo de torio-229, necesario para estos dispositivos, y su extrema escasez a nivel mundial.

Previamente, el equipo de la UCLA había logrado que los núcleos de torio radiactivo absorbieran y liberaran fotones de manera controlada, un hito que había eludido a los físicos por medio siglo. Este avance, aunque significativo, dependía de la creación de delicados cristales de fluoruro dopados con torio, un proceso que era no solo complejo y lento, sino que también requería cantidades relativamente grandes del valioso torio-229, limitando su viabilidad para una aplicación generalizada.

La promesa de los relojes nucleares ultraprecisos

La capacidad de medir el tiempo con una precisión sin precedentes tiene implicaciones profundas que van más allá de los laboratorios. Los relojes nucleares podrían mejorar drásticamente los sistemas de navegación, permitiendo una orientación precisa en entornos donde las señales GPS son inaccesibles, como el espacio profundo o bajo el agua en submarinos. Además, podrían optimizar las redes eléctricas y las torres de telefonía celular, que dependen críticamente de una sincronización temporal exacta.

Más allá de las aplicaciones prácticas, esta tecnología abre nuevas vías para la investigación en física fundamental. Los relojes nucleares podrían ser lo suficientemente sensibles como para detectar si algunas de las constantes fundamentales de la naturaleza varían con el tiempo, un enigma que ha fascinado a los científicos durante años. La estabilidad extrema de estos dispositivos los convierte en herramientas ideales para sondear los límites de nuestra comprensión del universo, según un estudio reciente publicado en Nature.

El ingenioso método del electrochapado

La solución al cuello de botella del torio llegó de una dirección inesperada: una técnica de electrochapado, similar a las usadas en joyería desde principios del siglo XIX. El equipo liderado por el físico de la UCLA Eric Hudson y el investigador postdoctoral Ricky Elwell, descubrió cómo depositar una capa ultrafina de torio-229 sobre acero inoxidable. Este método reproduce los resultados previos, pero utilizando una milésima parte de la cantidad de torio que se requería con los cristales.

Ricky Elwell, primer autor del estudio, explicó que el equipo pasó quince años desarrollando los complejos cristales de fluoruro, creyendo que la transparencia del material era esencial para que la luz láser excitara el núcleo de torio. Sin embargo, el electrochapado demostró que esta suposición era incorrecta. Este proceso es sencillo, económico y produce un producto final mucho más robusto que los frágiles cristales, haciendo los relojes nucleares potencialmente pequeños y asequibles para un uso generalizado.

Este avance transforma la perspectiva de los relojes nucleares, que antes eran un sueño lejano, en una posibilidad concreta. Al hacer que la tecnología sea más accesible y menos dependiente de materiales escasos, se acelera su potencial para impactar múltiples sectores, desde la infraestructura crítica hasta la exploración espacial. La próxima generación de cronometraje podría estar literalmente al alcance de nuestra mano, redefiniendo la precisión y abriendo un nuevo capítulo en la medición del tiempo.