Científicos del Cold Spring Harbor Laboratory han transformado la uchuva silvestre, o goldenberry, utilizando la herramienta de edición genética CRISPR, un avance que promete revolucionar su cultivo y disponibilidad. Esta fruta, sabrosa pero difícil de manejar, está siendo modificada para ser más compacta y apta para la agricultura a gran escala. La investigación, detallada en un reciente informe de ScienceDaily, abre la puerta a nuevas variedades de cultivos.
Durante milenios, la mejora de cultivos dependió de la selección manual de semillas, un proceso lento que dio forma a las frutas y verduras que hoy conocemos. Sin embargo, la edición genética mediante CRISPR ofrece una vía mucho más rápida para adaptar plantas a las necesidades modernas y a los desafíos climáticos. Este enfoque acelera la domesticación, un proceso que la naturaleza tardaría siglos en lograr.
En un mundo donde el cambio climático y el crecimiento poblacional exigen soluciones alimentarias más resilientes, la capacidad de modificar genéticamente cultivos silvestres se vuelve crucial. La uchuva, con su perfil nutricional y sabor único, representa un candidato ideal para demostrar el potencial de estas tecnologías en la creación de opciones alimentarias más robustas y eficientes para el futuro.
La uchuva silvestre: un potencial sin explotar
A pesar de su creciente popularidad y su equilibrio de sabores dulces y ácidos, la uchuva ha sido históricamente difícil de cultivar a gran escala. Miguel Santo Domingo Martinez, investigador postdoctoral en el laboratorio de Zachary Lippman del Cold Spring Harbor Laboratory, describe estas plantas como ‘no realmente domesticadas’, lo que las hace engorrosas para la cosecha y el manejo en entornos agrícolas. Su naturaleza expansiva ha limitado su adopción masiva.
La familia de las solanáceas, a la que pertenece la uchuva, incluye cultivos esenciales como tomates y patatas, lo que sugiere un alto potencial de mejora. La dificultad radica en que, a diferencia de sus parientes domesticados, la uchuva requiere una intervención específica para optimizar su forma y facilitar su producción. Este reto es precisamente lo que la tecnología CRISPR busca resolver de manera eficiente.
CRISPR: encogiendo plantas sin sacrificar el sabor
El equipo del CSHL, basándose en su experiencia previa con tomates, aplicó CRISPR para modificar genes similares en la uchuva. El resultado fue una planta aproximadamente un 35% más corta, lo que facilita su mantenimiento y permite una siembra más densa. Esta compactación es clave para la viabilidad de su cultivo en fincas comerciales.
Crucialmente, la alteración no comprometió el sabor. Blaine Fitzgerald, técnico de invernadero, relata haber probado ‘cientos de ellas’ para identificar las mejores líneas en sabor y crecimiento compacto. Tras varias generaciones de cruce, se obtuvieron variedades prometedoras que combinan una forma manejable con un gusto robusto, aunque los frutos eran ligeramente más pequeños.
Este éxito demuestra cómo CRISPR puede acelerar la domesticación de cultivos. Según Santo Domingo, ‘podemos apuntar al tamaño del fruto o a la resistencia a enfermedades’ en futuras ediciones. El siguiente paso crucial es la aprobación regulatoria, que permitirá a los agricultores acceder a estas nuevas semillas y expandir el cultivo de la uchuva, tal como se detalla en el estudio publicado en PLANTS, PEOPLE, PLANET.
La transformación de la uchuva mediante CRISPR ilustra el poder de la edición genética para redefinir el futuro de la agricultura. Al convertir una fruta silvestre indisciplinada en un cultivo potencialmente global, esta investigación no solo ofrece una nueva opción alimentaria, sino que también establece un precedente para la adaptación rápida de otros cultivos. La capacidad de innovar en la producción agrícola será vital ante los desafíos ambientales y demográficos que se avecinan, abriendo caminos hacia un sistema alimentario más resiliente y diverso.










