Un innovador estudio de la Universidad de Montreal ha revelado un asombroso «truco cerebral» que podría hacer que el ejercicio físico se sienta menos agotador, incluso cuando el cuerpo trabaja más duro. Publicado en ScienceDaily, la investigación sugiere que la estimulación de tendones antes de la actividad puede modificar la percepción del esfuerzo.

Esta revelación es crucial para entender uno de los mayores desafíos de la salud pública: la adherencia al ejercicio. Muchas personas abandonan sus rutinas por la sensación abrumadora de esfuerzo, una barrera que a menudo es más psicológica que puramente física. La Organización Mundial de la Salud subraya la importancia de la actividad física regular.

La percepción del esfuerzo, aunque ligada al gasto energético, no es un mero reflejo mecánico. Varía significativamente entre individuos y juega un papel determinante en la decisión de continuar o abandonar una actividad física. Reducir esta percepción podría ser clave para fomentar hábitos más activos en la población.

Cómo la vibración de tendones engaña al cerebro

El equipo de investigación, liderado por Benjamin Pageaux de la Escuela de Kinesiología y Ciencias de la Actividad Física de la Universidad de Montreal, examinó si la vibración de tendones específicos podía disminuir el esfuerzo percibido en el ciclismo. Utilizaron un dispositivo vibrador aplicado en los tendones de Aquiles y la rodilla durante 10 minutos antes del ejercicio.

Los participantes realizaron sesiones de ciclismo de tres minutos, ajustando su esfuerzo a un nivel moderado o intenso. Los resultados fueron sorprendentes: después de la vibración, generaron más potencia y mostraron frecuencias cardíacas más altas, pero su sensación de esfuerzo no aumentó. Su cuerpo trabajaba más, pero el cerebro no lo percibía así.

Pageaux propone que la vibración, según su amplitud y frecuencia, puede excitar o inhibir neuronas en la médula espinal. Además, una vibración prolongada altera la reactividad de los husos neuromusculares, modificando la señal enviada al cerebro. Esto reconfigura la forma en que se perciben el movimiento y el esfuerzo.

Esta alteración en la comunicación entre músculos y cerebro abre una nueva vía para investigar la interacción cuerpo-mente en el rendimiento deportivo y la actividad diaria. Un artículo en Frontiers in Physiology explora más a fondo la neurociencia del ejercicio.

Implicaciones futuras para la actividad física

Aunque los hallazgos son alentadores, la investigación se encuentra en sus primeras etapas y se ha limitado a sesiones cortas de ciclismo en entornos controlados. Pageaux advierte que aún no se ha probado en contextos más exigentes, como un maratón, pero es un primer paso prometedor para este tipo de ejercicio.

El próximo paso del equipo incluye un estudio más detallado de la actividad cerebral durante el ejercicio, utilizando herramientas como la electroencefalografía (EEG) y la resonancia magnética. Esto permitirá observar cómo la vibración de tendones influye en la actividad neuronal mientras las personas se esfuerzan físicamente.

Paralelamente, los investigadores buscan comprender mejor cómo el dolor y la fatiga amplifican la sensación de esfuerzo, haciendo que la actividad física parezca más difícil. Las investigaciones en el campo del dolor ofrecen perspectivas valiosas sobre esta compleja interacción.

El objetivo final es desarrollar estrategias que disminuyan el esfuerzo percibido y ayuden a más personas a mantenerse activas, especialmente aquellas con estilos de vida sedentarios. Esto podría transformar la forma en que abordamos la motivación para el ejercicio y la salud pública global.

La capacidad de modular la percepción del esfuerzo mediante un simple truco cerebral representa una ventana fascinante hacia el futuro de la actividad física. Si bien la ciencia aún tiene camino por recorrer, la promesa de hacer el ejercicio más accesible y menos intimidante para todos es un horizonte emocionante que merece nuestra atención.