Esqueletos de la Edad del Hierro y medievales han revelado una asombrosa historia: la presencia de virus incrustados en el ADN humano, demostrando una coevolución que se extiende por más de 2.500 años. Investigadores de la Universidad de Viena y la Universidad de Tartu han reconstruido genomas antiguos de herpesvirus, confirmando que estas infecciones han evolucionado junto a nosotros desde tiempos inmemoriales.
Este descubrimiento, publicado en Science Advances, se centra en el herpesvirus humano 6A y 6B (HHV-6A/B), conocidos por causar infecciones leves en la infancia como la roseola infantil. Lo que distingue a estos patógenos es su capacidad inusual para insertar su material genético directamente en los cromosomas humanos, una característica que puede llevar a su transmisión de padres a hijos a lo largo de generaciones.
Hasta ahora, la evidencia directa de esta relación íntima y milenaria entre los virus y nuestro genoma había sido escasa. La investigación, detallada por ScienceDaily.com, valida una sospecha de larga data en la comunidad científica: ciertos virus no solo nos infectan, sino que se convierten en una parte heredable de nuestra propia composición genética.
Rastreando la huella viral a través de los milenios
Para desentrañar este misterio genético, un equipo internacional liderado por la Universidad de Viena y la Universidad de Tartu analizó casi 4.000 muestras esqueléticas de yacimientos arqueológicos en toda Europa. De este vasto conjunto de datos, lograron identificar y reconstruir once genomas de herpesvirus antiguos, un testimonio del meticuloso trabajo de bioarqueología y genómica.
El genoma más antiguo provino de una joven que vivió en la Italia de la Edad del Hierro (1100-600 a.C.), marcando el punto de partida de esta fascinante línea de tiempo. Se detectaron HHV-6A y HHV-6B en restos medievales de Inglaterra, Bélgica y Estonia, mientras que HHV-6B también apareció en muestras antiguas de Italia y la Rusia histórica temprana. Varios individuos de Inglaterra mostraron formas heredadas de HHV-6B, los casos más antiguos conocidos de herpesvirus humanos integrados cromosómicamente.
Meriam Guellil, investigadora principal del estudio en la Universidad de Viena, destacó la dificultad de la tarea: «Aunque el HHV-6 infecta a casi el 90% de la población humana en algún momento de su vida, solo alrededor del 1% porta el virus heredado de sus padres en todas las células de su cuerpo. Estos casos son los que tenemos más probabilidades de identificar usando ADN antiguo, lo que dificulta bastante la búsqueda de secuencias virales».
Coevolución y el destino de los herpesvirus antiguos
La reconstrucción de estos genomas antiguos permitió a los investigadores determinar los puntos exactos donde los virus se habían integrado en los cromosomas humanos. Al comparar estos datos con información genética moderna, se hizo evidente que algunas de estas integraciones virales ocurrieron hace miles de años y se transmitieron a través de numerosas generaciones, demostrando una persistencia genética notable.
El análisis también reveló trayectorias evolutivas distintas para HHV-6A y HHV-6B. Uno de los virus, el HHV-6A, parece haber perdido su capacidad de integrarse en el ADN humano con el tiempo. Esto sugiere que su interacción con los huéspedes humanos cambió a medida que ambos evolucionaron, un ejemplo claro de adaptación mutua en el vasto escenario de la evolución biológica.
Las implicaciones de estos hallazgos se extienden hasta la salud contemporánea. Charlotte Ho, citada en la investigación, señala que «llevar una copia de HHV-6B en el genoma se ha relacionado con la angina de pecho». Comprender la historia evolutiva de estos virus puede ofrecer nuevas perspectivas sobre cómo las integraciones virales antiguas podrían influir en las enfermedades modernas y en nuestra predisposición genética.
Este estudio pionero no solo abre una ventana al pasado viral de la humanidad, sino que también subraya la profunda y compleja relación entre los patógenos y nuestro propio código genético. La capacidad de rastrear virus a través de milenios, directamente en el ADN de nuestros ancestros, promete revolucionar la virología y la medicina, ofreciendo nuevas herramientas para entender y combatir enfermedades hoy y en el futuro.











