Brian Moynihan, CEO de Bank of America, advirtió recientemente que hasta 6 billones de dólares en depósitos bancarios podrían migrar hacia las monedas estables si estas obtuvieran permiso para ofrecer intereses. Esta proyección subraya la creciente preocupación en el sector financiero tradicional sobre el impacto disruptivo de los activos digitales regulados, un tema que captó la atención inicial a través de informes de `www.theblock.co`.
La declaración del líder de uno de los mayores bancos de Estados Unidos no es trivial. Refleja un escenario donde la innovación en criptoactivos, particularmente las monedas estables, podría reconfigurar la base de capital de las instituciones financieras. El debate actual sobre la regulación de estos activos es crucial, ya que determinará si pueden competir directamente con los productos bancarios tradicionales.
Las monedas estables, diseñadas para mantener un valor constante frente a una moneda fiduciaria como el dólar, ya han ganado tracción significativa. Sin embargo, su potencial para ofrecer rendimientos, algo que hoy está limitado o es inexistente para muchos depósitos bancarios tradicionales, representa una amenaza existencial para el modelo de negocio de los bancos.
El potencial de las monedas estables y el riesgo para la banca tradicional
El mercado de las monedas estables, que actualmente supera los 130 mil millones de dólares según datos de CoinMarketCap, podría expandirse exponencialmente si se les permitiera competir por los depósitos ofreciendo intereses. Este factor es fundamental: los bancos dependen de los depósitos de bajo costo para financiar sus préstamos y operaciones. Una fuga de 6 billones de dólares representaría aproximadamente el 30% del total de depósitos bancarios en EE. UU., según datos de la Reserva Federal.
La capacidad de las monedas estables para ofrecer rendimientos atractivos proviene de cómo gestionan sus reservas o de modelos de negocio innovadores en finanzas descentralizadas (DeFi). Si bien estos rendimientos pueden ser volátiles y conllevan riesgos, una regulación clara y robusta podría legitimar estos productos, haciéndolos más atractivos para el público general. Esto generaría una presión competitiva sin precedentes para los bancos.
Expertos como Janet Yellen, secretaria del Tesoro de EE. UU., han enfatizado repetidamente la necesidad de una regulación integral para las monedas estables. Durante un discurso en 2023, Yellen destacó que «una supervisión adecuada es esencial para mitigar los riesgos y garantizar la estabilidad financiera», según reportes de CNBC. Esta postura indica que el camino hacia la oferta de intereses no será sencillo ni carente de escrutinio.
Desafíos regulatorios y el futuro del dinero digital
La principal barrera para que las monedas estables ofrezcan rendimientos generalizados es la falta de un marco regulatorio claro. Países como los de la Unión Europea están avanzando con normativas como MiCA (Markets in Crypto-Assets), que buscan establecer reglas claras para los emisores de stablecoins. Sin embargo, en Estados Unidos, el progreso ha sido más lento, con diferentes agencias y legisladores debatiendo el enfoque adecuado.
La pregunta central es si las monedas estables deben ser tratadas como depósitos bancarios, productos de inversión o una categoría completamente nueva. La clasificación tiene implicaciones directas en los requisitos de capital, la protección al consumidor y la capacidad de ofrecer intereses. Un entorno sin reglas uniformes podría fomentar la «arbitraje regulatorio», donde las entidades buscan jurisdicciones con menor supervisión.
Para los bancos, la amenaza de las monedas estables con rendimiento es un llamado a la acción. Necesitarán innovar en sus propios productos, quizás explorando la emisión de monedas digitales de banco central (CBDC) o desarrollando sus propias ofertas de activos digitales, para retener y atraer a los clientes en un panorama financiero en constante evolución.
La advertencia del CEO de Bank of America resalta una realidad ineludible: la digitalización del dinero no se detendrá. El desafío para reguladores y líderes financieros es encontrar un equilibrio entre fomentar la innovación y proteger la estabilidad del sistema. El futuro de los depósitos bancarios, y de las finanzas en general, dependerá en gran medida de cómo se resuelva esta tensión entre la banca tradicional y el emergente ecosistema de las monedas estables.










